Alberto Simó nos cuenta porqué es tan importante su entrenamiento.

El trabajo de fuerza siempre ha estado presente en la historia del ser humano, podemos empezar desde los espartanos con fines bélicos hasta los griegos con sus Olimpiadas a fin de mostrar superioridad o virilidad. Lo cierto es que aquellos individuos que realizaban trabajos exigentes o rendían culto al cuerpo como ocurría en la Antigua Grecia, tenían mejor calidad de vida llegando a ser incluso más longevos que el resto. Ahora bien, todo esto se hacía sin ninguna base científica ni con el objetivo concreto de vivir más y mejor. Es totalmente lógico y normal en aquella edad.

Nosotros vamos a desarrollar los argumentos en la ciencia y a tratar de demostrar por qué todas las personas deben basar su entrenamiento en la mejora de la fuerza. Un entrenamiento de fuerza que hasta no hace muchos años se realizaba casi exclusivamente para el rendimiento deportivo y que cada vez más se está empleando con otros fines, sobre todo saludables o estéticos.

El entrenamiento de Fuerza en niños y adolescentes

G. Peña et al. (2016) nos dicen que en la década de los 70-80 había una enorme reticencia relacionada con el trabajo de fuerza en niños y adolescentes, siendo una práctica no recomendada para estas edades. Sin embargo, en la actualidad y a partir de una primera publicación de la National Strength and Conditioning Association (NSCA) en 1985 su práctica queda altamente recomendada con supervisión de profesionales del sector.

En su mismo artículo de revisión G. Peña et al. (2016) desmitifican algunas creencias relacionadas con dicha práctica, tales como:

Es una práctica insegura por la gran incidencia en lesiones y sobrecargas. No existe evidencia sobre esta afirmación, de hecho el riesgo de lesión es de 0.0012-0.0035 por cada 100 horas de entrenamiento, R.S. Lloyd et al. (2014)

Además, todos los expertos coinciden en que la mayoría de los accidentes o lesiones realizando un trabajo de fuerza suceden por varias razones: mala supervisión, a una incorrecta utilización del material, a una excesiva carga de entrenamiento y a una mala ejecución técnica de los ejercicios.

El entrenamiento de Fuerza en adultos

El entrenamiento de fuerza en la etapa adulta es tan importante como en el resto de las etapas. Se trata de mantener, mejorar y reforzar los beneficios adquiridos durante todo el desarrollo del individuo. Enfocado a prevenir enfermedades y/o patologías derivadas del sendentarismo y de no realizar un trabajo de fuerza adecuado.

Si es verdad que está reconocido que el entrenamiento de fuerza sea útil para mejorar aspectos como la resistencia, el crecimiento muscular o la potencia. Es reconocido hace relativamente pronto su relación con la salud como por ejemplo enfermedades crónicas (Pollock, Vincent, 1996; Pollock, Evans, 1999; US-CDC, 1996), además se le atribuyen mejoras y beneficios similares a los que se obtienen con el entrenamiento de resistencia, en cuanto a la reducción de factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares, Smutok (1993).

El entrenamiento de Fuerza en mayores

En España el porcentaje de personas mayores de 65 años ha aumentado en altos porcentajes, entre muchas otras cosas es debido a la mejora de la calidad de vida y a los avances en campos como la medicina. Por supuesto no podemos dejar de nombrar el ejercicio físico, que se ha ampliado a un mayor porcentaje de la población que lo practica.

Además, según Chodzko-Zajko et al. (2009) la fuerza es una de las cualidades físicas que más influye en la calidad de vida en dichas franjas de edad. Además tiene múltiples beneficios como: prevenir la sarcopenia (Machado, García-López, González-Gallego y Garatechea, 2010; Peterson, Rhea, Sen y Gordon, 2010), tiene un efecto positivo sobre la densidad ósea (Asikainen, Kukkonen-Harjula y Miilunpalo, 2004; Leite et al., 2010) y quizás dos de los datos más importantes, es un factor determinante en el mantenimiento de la independencia (Bean et al., 2010; Frontera et al., 2008) y una correlación alta con el riesgo de caídas, ayuda a prevenirlas (Fiatarone-Singh et al., 2008; Lloyd et al., 2008).

Además hay investigaciones que demuestran que se debe realizar un trabajo de fuerza con una frecuencia de al menos 2 o 3 días semanales comenzando a una intensidad del 40% (Romo-Pérez, Schwingel y ChodzkoZajko, 2011).

La conclusión a la que podemos llegar es que el entrenamiento de fuerza, adaptado, guiado y supervisado se postula como una de las herramientas más potente para formar, desarrollar y educar a las personas que se pongan en manos de un Educador Físico. No sólo por los beneficios estructurales que se puedan producir, sino por los beneficios fisiológicos y de salud que se producen y sobre los cuales la evidencia científica es cada vez más contundente, clara y concisa.

ALBERTO SIMÓ GARCÍA DE LA TORRE

Graduado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Entrenador Personal.

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