En los últimos años se ha puesto de moda el entrenamiento de fuerza de diversas maneras, ya sea, en máquinas, “funcional” o crosstraining. Y cada vez se habla más de su papel para mejorar nuestra salud. Sin embargo, ¿sabemos por qué? Esto no es novedad, ya en el 2001 hicieron una revisión agrupando múltiples estudios para mostrar todos los efectos del entrenamiento de fuerza para mejorar nuestra salud, y son muchos más de los que se suele pensar.

    Un papel fundamental es su carácter preventivo, ya que, el entrenamiento de fuerza reduce el riesgo de padecer osteoporosis, enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes, etc. No solo eso, también existe un papel en personas que presenten factores de riesgo o incluso patologías. Por ejemplo, con respecto a la obesidad, el entrenamiento con cargas nos ayuda a reducir nuestro porcentaje graso, no solo el subcutáneo que es el que está debajo de la piel, sino el visceral, el cual se asocia con aumentar el riesgo de padecer enfermedades crónicas como diabetes o cardiopatías. Además, este entrenamiento puede ayudarnos a mejorar la presión arterial, incluso en personas hipertensas, ya que nuestro cuerpo genera una serie de adaptaciones si realizamos estos entrenamientos de manera continuada, como pueden ser: mejorar la vasodilatación y la función endotelial. Esto de por sí ya explicaría por qué disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares, debemos recordar que la hipertensión es un factor de riesgo en ellas, como pasa en la insuficiencia cardiaca (aunque no es una patología en sí), o en los infartosde miocardio.

    Otro aspecto importante, y sobre todo en Canarias debido a su alta incidencia, es el papel que tiene frente a la diabetes, sobre todo la tipo II, ya que, mejora la sensibilidad a la insulina del músculo, esto quiere decir que necesitaremos menos insulina en el cuerpo porque nuestro músculo capta mejor la glucosa (para los más curiosos, esto se debe por un aumento de los transportadores GLUT-4 en el músculo). No menos importante es su papel en el perfil lipídico,básicamente en el colesterol y las grasas (triglicéridos). Entrenar la fuerza aumenta el HDL (el “colesterol bueno”), disminuye el colesterol total y disminuye los triglicéridos en sangre. Además, aunque todavía debe estudiarse en mayor medida, podría reducir el “colesterol malo” (LDL).

    Por otro lado, el beneficio más obvio, aumenta la masa y función muscular, esto provoca que disminuya el riesgo de sarcopenia, es decir, pérdida de masa muscular, y de su función (dinapenia), lo cual es importantísimo porque tanto la fuerza como la masa muscular son un predictor de riesgo de mortalidad por cualquier causa (importantísimo también en adultos mayores). Es más, trabajar el músculo produce estímulos en los huesos provocando que se genere mayor densidad ósea, lo cual prevendría o incluso trataría la osteoporosis (muy prevalente en mujeres mayores).

    Con todos estos datos, nos podríamos hacer una idea de la importancia de entrenar fuerza tanto si estamos sanos como si tenemos alguna patología, pero los beneficios no se quedan ahí, ya que también mejora la salud mental y aumenta la calidad de vida, entro otros muchos más. Por lo que, para resumir, entrenar fuerza nos ayudará tanto a prevenir como a mejorar ciertas patologías cardiovasculares, metabólicas, óseas, musculares, etc. Mejorando nuestra calidad y esperanza de vida.

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ASAEL VIZCAÍNO COELLO

Graduado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte

Col. nº 68875 (COLEFC)